Fabricando demagogias a propósito del regreso de un fantasma del pasado

El hortelano tiene recuerdos difusos de su infancia en los cuarteles de la Guardia Civil. En aquellos tiempos, cuando el cielo “grulleaba”, llegaban a los acuartelamientos -Alcuéscar, Malpartida, Santiago del Campo- gentes de tricornio para guardar las fincas ajenas, y evitar que los extremeños del hambre robaran las bellotas de los terratenientes. Y mira por dónde , en estos días, el hortelano lee en las portadas de los papeles de su tierra que de nuevo la Guardia Civil vigila los olivares para que otros nietos de los extremeños de tu infancia no roben las aceitunas de los propietarios ¡Claro, que son situaciones diferentes!.

 -Pues claro, Tulio, pues claro que son tiempos bien diferentes. Distintos pero tan iguales como es el hecho de que, casi setenta años más tarde, los extremeños del hambre -no hay hambre más terrible que no tener trabajo- continúen haciendo rebusco.

Y de repente, al hortelano impertinente se le han encendido las neuronas que guardan la memoria de la infancia. Y ha recordado aquellas salas de bandera de los puestos de los cuarteles campesinos llenas de risas y de bromas de los guardias civiles que guardaban lindes y cosechas para impedir que aquellos hombres y mujeres, y niños y adolescentes, se adentraran en la espesura de los bosques de encinas y de alcornoques para hurtar el fruto totémico de los extremeños a las piaras de cerdos gordos y bruñidos, que caminarían en itinerarios interminables a las salas de sacrificio de Salamanca y de Huelva. ¡Como ahora, Tulio, como ahora! ¡Cuán lentos pasan los siglos, si es que pasan, en esta tu tierra! Llegaban los guardias concentrados al compás de las grullas y se marchaban de los cuarteles cuando habían restablecido el orden de las sagradas leyes de la propiedad. ¡Guardias civiles honorables -“el honor es su principal divisa”- , obedientes a la ley y al gobernador civil, siempre obedientes aun cuando la ley la dictaran los de siempre, desde que Extremadura fuera feudo de Castilla y de León, y luego de las Ordenes Militares y luego de los Monasterios y luego de los Desamortizadores y luego de los terratenientes y luego, otra vez,  de los de siempre!

 

¡Qué viejuna es Extremadura, Tulio! A ver cómo explico yo a mis colegas no hortelanos lo que significa la palabra rebusco y, sobre todo, su significado más antropológico. ¿Cómo les explico sin sonrojarme que mis paisanos van todavía al rebusco y que son perseguidos por la Guardia Civil? ¿Cómo, este jueves, les  cuento a mis otros colegas que estos pasajes en blanco y negro, como daguerrotipos de la Extremadura más profunda, están en las portadas de los periódicos y en los telediarios de mi tierra, mientras sus dirigentes hablan de I+D+I? Ya les explicaría yo la técnica del rebusco con nocturnidad y necesidad. Pero no debo extenderme en aquellos tiempos del rebusco consentido, que era como una especie de caridad que dejaban los propietarios para saciar el hambre de los que más tarde enfilaron la senda de la emigración. El rebusco de las espigas, de la aceituna y de la castaña, y de la bellota, parca moneda para tantas necesidades. Y les hablaría también del rebusco de trigo y de cebada que hacíamos los niños campesinos para alimentar los pollos de tórtolas, y que tu madre te lo apañaba para desviarlo a las gallinas familiares. Y te contaría además el rebusco en el alpechín de las almazaras cazando una perlita de aceite, rutilantes entre la basura líquida de la molienda, y otra y otra hasta completar el hondón del calambuco.

¡Qué viejuna es nuestra tierra, Tulio, que todavía, en los tiempos de las tecnologías, nos sirve fácil la excusa para exhumar, no solo recuerdos, sino leyes y costumbres que fundamentan sus carencias! Y es fácil que estas imágenes del rebusco en los telediarios nos ayuden a enjaretar tu teoría sobre lo profundo que son todavía los déficits intelectuales de Extremadura. Pasan los tiempos, las décadas, los cuartos y los medios siglos y -¡qué horror!-  ha vuelto a la actualidad la ancestral tribulación del rebusco. Y otra vez, la Guardia Civil de tus padres y de tus abuelos y de…, guardando las veredas y los caminos de los olivares y de las dehesas…¿No habrá nadie que se de por concernido entre aquellos que han tenido la responsabilidad y los recursos para evitar la resurrección de tan penoso fantasma?

Y el hortelano impertinente no debiera echar más leños a la hoguera ni perpetrar demagogia invocando a los Santos inocentes o al mejor Cela de los duarte. Le bastará con chascar el freno y decir de nuevo que los culpables del rebusco son la ausencia de minorías regeneracionistas y la indigencia intelectual de la mayoría de los gobernantes porque han tenido tiempo y caudales para enterrar bajo siete llaves la memoria del rebusco. Por cierto, amigo Tulio, cuando dispongas de cuatro horas no dejes de ver, por supuesto en blanco y negro, la mejor metáfora del campesinado a través de la cámara de Fukuyama en Los 7 samuráis. Ya verás como subsisten, saltando por los siglos y por las civilizaciones, las huellas indelebles del mundo rural, que son las que  han conformado nuestra personalidad.

Hablando de reliquias del pasado, a unos cuantos vuelos de perdiz de mi huerta, hay un museíto dedicado a las Misiones Pedagógicas de la República. Es una lástima que este pequeño establecimiento en las Navas del Madroño solo lo visitan algunos despistados u otros aquejados de impertinencia. ¡Cómo eran, mi buen amigo, aquellos tiempos del rebusco y de la necesidad extrema! ¡Y qué emocionante la generosidad de aquellas minorías del libre pensamientos que iban por las aldeas predicando el conocimiento! También estuvieron en mi aldea las gentes de las Misiones, pero apenas dejaron huella, y, si existieran, este hortelano les encendería una lámpara. Pero en Navas del Madroño un maestro de escuela, cuando vinieron los tiempos de la opresión, emparedó la biblioteca de las misioneros y los aparatos de la ciencia, y, por arte de magia, se rescataron a tiempo de exponerlos. Pero por desgracia, el museíto de las Misiones Pedagógicas, un lugar mágico de la Extremadura mágica, apenas tiene quien lo visite, y no sé si quien lo enseñe. Las Misiones Pedagógicas de la República son otra realidad de las minorías más talentosas que España ha producido en su historia. Me emociono, Tulio, siempre que escribo de la Institución Libre de Enseñanza y de aquel personaje que está a la cabeza del santoral laico del escribano. El otro día dejé la azada, recogí las viandas de la huerta y los huevos en el gallinero y me vine a la ciudad para honrar la memoria del partero del progreso y de la modernidad de España. En un lugar recoleto de Madrid se encuentra abierta una exposición sobre la vida y milagros de Giner. Estuvo viendo escritos y recuerdos en el jardín de su casa madrileña, pared por medio de una congregación de monjas en la que el hortelano hace milenios escuchó una de las tres pláticas dominicales más inteligentes que recuerda. Las otras las escuchó en un convento de monjas de Salamanca, y, la ultima, en una aldea del Pirineo a cargo de un monseñor que pasaba en las montañas vacaciones pagadas por el Vaticano. El hortelano se atreve a decir al padre Giner que aquella España que él tanto sufría, existe todavía, y mira por dónde, mi señor don Francisco Giner, aquel su dicho de instrucción y educación, convendría cambiarlo puesto que a base de educación no hemos conseguido instruir a los españoles. Han pasado cien años y este pegujal sigue siendo parecido. De modo que tengo que echarle una pensada en el portalillo de la huerta qué ha pasado en esta España nuestra para que sigamos con los mismos problemas, y, en esta Extremadura nuestra, continuemos siendo los indios de la nación y sacando a la Guardia Civil a los caminos para combatir el rebusco.

-¡Minorías, Tulio, minorías!

 

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El hortelano enreda en la historia económica de Extremadura tan pronto como ha guardado la pandereta

Pasado el tiempo de los mazapanes, el escribidor está tentado a sugerir que, al comienzo de cada año, se obligara al presidente de los extremeños, sea cual sea su credo político, a escribir cien veces en su blog o en su diario la cifra de la renta per cápita extremeña, es decir el guarismo que representa el índice de convergencia de Extremadura respecto al resto de España. Es el dato más importante, la marca que nos indica cómo nos ha ido cada año. Debería ser el santo y seña de la actualidad extremeña. No para mortificarlo porque hay años que ese guarismo es positivo, sino para que no olvidara que su única misión en la vida pública es mejorar el bienestar de sus paisanos, y que el único medio para medir la eficacia de su gestión es esa cifra que el Instituto Nacional de Estadística divulga cada año en vísperas del sorteo de la Navidad.

El hortelano, tan pronto encendió esta mañana los leños en la chimenea y después de recoger en su parcela un puñado de espinacas para la ensalada – sí espinacas, tiernas, regadas con el rocío de la noche navideña- se marchó a la plaza porticada en una mañana neblinosa para comprar los papeles de cada día. Pero como no viera lo que esperaba, se fue a la maquinaria. Fue allí donde encontró el dato que marca el éxito o el fracaso de los extremeños y así conoció, a ciencia cierta, que el año anterior, 2014, la renta per cápita de Extremadura era un treinta por ciento más baja que la media nacional. La convergencia en renta con la media de España ha permanecido invariable respecto a 2013, un 69,3 %. Significa lo que significa: que estamos casi un tercio por debajo del desarrollo de la media nacional. Cada décima de subida en la convergencia supone una mayor tasa de empleo y una oportunidad de conseguir un modelo de Comunidad sostenible en el tiempo. Por el contrario, el estancamiento en el índice de convergencia representa paro, emigración y dependencia de los recursos ajenos. Punto y final.

Puestos a sugerir impertinencias, podríamos incluso proponer que, como regalo final de Legislatura, le regaláramos a cada presidente una placa con el resultado estadístico de su mandato, el baremo que mide su éxito o su fracaso. Sabríamos por ejemplo que Rodríguez Ibarra cogió la renta per cápita de Extremadura en 1983 en un 62 % de la media nacional y la dejó, cuando abandonó la presidencia de la Junta en el año 2007, en el 67,4 %. Poco más de cinco décimas de diferencial en 24 años de gobierno. ¿Mucho o poco? Depende. Júzgalo tú mismo, amigo Tulio. Sabríamos también que en su primera legislatura Fernández Vara logró reducir la distancia con el resto de España en sólo dos puntos (67,4 % y 69,5 %) ¿Qué sucedió con Monago en los años de su mandato? Se agrandó, a falta de conocerse el último tramo de 2015, el diferencial en dos centésimas (69,5 frente al 69,3 %). Claro que han sido años de crisis, pero crisis para todos, para los extremeños y los catalanes y los murcianos, pero Extremadura vio truncada su lenta carrera de convergencia.  Este es -insiste el hortelano con ínfulas de escribidor- el único y verdadero rasero. No para lucir palmito ni para lamerse las heridas, pero sí para tener conciencia de dónde estamos y hacia dónde caminamos.

Amigo Tulio, ayúdame ahora a hacer algunas observaciones. Por ejemplo, éstas:

  1. Que el índice del INE no es el único parámetro para medir la riqueza o pobreza o de los pueblos puesto que no tiene en cuenta cómo se reparte el PIB. Aquello de que tocamos a medio pollo por cabeza. Lo que ocurre es que algunos se comen pechuga y muslo y otros en cambio solo chupan el espinazo. Pero es el barómetro más fiable para calcular la bonanza o la pobreza de los pueblos.
  2. Que el desarrollo y el crecimiento no dependen exclusivamente o principalmente de la tarea de quien gobierna y, en consecuencia, que los índices de convergencia no son tanto mérito ni culpa de los políticos como de toda la sociedad. Pero los gobernantes, y mucho más en territorios no desarrollados, tienen la llave para crear y mantener el tejido productivo, y, a veces, hasta lo destruyen. (Ya te diría yo, Tulio, qué responsabilidad han tenido los gobernantes en las crisis de Acorex, Caval, Caja Rural de Extremadura…)
  3. Que, estemos donde estemos en la lista de convergencia, los extremeños gozan de mejor calidad de vida que en otros muchos territorios. Cierto, pero siempre que aceptemos que para mantener esa calidad de vida necesitamos de la solidaridad del resto de las Comunidades. Lo dijo y reconoció Fernandez Vara en ocasión tan solemne como fue su toma de posesión cuando pidió ayuda a Madrid para reducir la tasa de paro  “porque nosotros solos -dijo-  no podemos».

Pero te necesito sobre todo, Tulio, para intentar predecir el futuro económico y social de nuestra tierra, tú que entiendes de números, que al escribidor solo le enseñaron algo de artes literarias y nada o muy poco de ciencias . Por ejemplo:

  1. ¿Cuánto tiempo habrá de transcurrir para que los extremeños seamos iguales que el resto de los españoles, no en derechos, que lo somos, no en obligaciones, que igualmente las tenemos, sino en disponibilidad media de renta? Te necesito para saber cuándo tus hijos o mis nietos podrán libremente elegir si continúan o no de mayores en Extremadura, o, por el contrario, se verán obligados a emigrar como lo hicimos la gente de mi generación y lo sigue haciendo, ahora mismo, todo aquel joven que quiera tener autonomía e independencia.
  2. Sírvete para hacer el cálculo de estos datos oficiales: el diferencial de renta de Extremadura respecto al resto de España era en 1950 del 55,69 %, que es tanto como decir que, cuando el hortelano cursaba la primaria, su región tenía la mitad de los recursos que la media de España. Diez años más tarde, habíamos retrocedido al 54,04. El año que murió Franco estábamos en el 56,26 %. Cuando estaba a punto de expirar la primera Legislatura de Felipe González habíamos avanzado hasta casi el 64 %, y en torno a este porcentaje hemos permanecido año tras año hasta 2010 que alcanzamos el 70,6 por ciento. Ese ha sido -gobernaba en Extremadura Fernández Vara y en España, Rodríguez Zapatero- el año más “convergente. A partir de esa fecha y de esa cifra, hemos vuelto a las andadas, nos hemos alejado de la convergencia.
  3. Sírvete también de este otro dato igual de esclarecedor: en el periodo de 1950 a 2003, el diferencial de renta per cápita entre Extremadura y España se ha reducido en algo más de 9 puntos. En más de medio siglo solo hemos sido capaces de aproximarnos en diez puntos. Peor le ha ido a Andalucía que en ese mismo periodo solo consiguió aproximarse en 2,31 décimas y a Galicia en 5,56, aunque ambas están más próximas que nuestra tierra a la media nacional. Pero, repara en el éxito que han tenido, por ejemplo, las dos Castillas que han conseguido reducir la distancia en ese mismo periodo en un 14, 62 % Castilla la Mancha, y Castilla y León en un 18, 10 %. Y no olvides que Madrid, la Comunidad con más renta per cápita, está en un 137 % de la media nacional, a un 67% de distancia de nosotros los extremeños.

Y falta un dato principal, independientemente del que justifica este comentario de que seguimos siendo, atrás año, probablemente siglo tras siglos, los últimos de la clase. Me refiero al hecho de que para que Extremadura converja con el resto de los regiones, otras, digamos que el País Vasco, Cataluña, Madrid, deberán tener menor crecimiento que Extremadura ¿Te imaginas a los señores de Juntos por el sí proclamando que mientras la renta per cápita de Extremadura o de Andalucía se ha incrementado en tal o cual porcentaje, la propia se ha estancado o ha disminuido?

¡Cuán lento, amigo Tulio, discurre el proceso de convergencia de los extremeños! Ya sé que al extremeño de toda la vida le fastidia la literatura que escribe el hortelano impertinente y que abomina que alguien les ponga el espejo ante las narices. Lo hizo, hace más de doscientos años, aquel clérigo nacido en Jaraicejo y, todavía hoy, aquello de que somos los “indios de la nación” resuena en muchas conciencias. No hace falta que te recuerde que lo escribió Francisco Gregorio de Salas, personaje influyente en la Corte de Fernando VII, hombre sencillo y modesto, burlón, al que el hortelano le guarda aprecio desde antiguo aunque nada más fuera porque hizo el mejor retrato moral de los extremeños. Si lo que dijo el fraile en el siglo XVIII lo escribiera este hortelano, a buen seguro que tú mismo, Tulio, me retirarías la palabra. Pero sí me atrevo a decirte que aquel retrato tiene todavía el lustre como si lo acabara de pintar doscientos años más tarde. La estima de este hortelano por el fraile de Jaraicejo, paisano por cierto de otro extremeño pionero en Madrid de la cocina regional, el inolvidable Gaby del restaurante Extremadura, ahora cerrado, viene de lejos, de cuando leyó las primeras estrofas de un largo poema en verso preciosista, como de filigrana literaria, en el que dos campesinos, Salicio y Coridón, se dicen uno a otro los placeres sencillos de la vida campestre. Fue un libro de muchas ediciones, hoy día en perfecto desuso y que ojalá alguien lo rescatara del olvido.  El clérigo, académico y muy reputado en el Madrid literario, estaba herido de melancolía campesina y dicen que para paliar su desgarro rural se hizo construir una choza en Recoletos al borde de la cañada real para poder hablar con los pastores que bajaban la merina desde tierras de Soria y del Moncayo a los valles acogedores de la Extremadura feudal y lacaya.  Este fraile, Papa Francisco, debió ser un pionero de su proclama a los clérigos para que recuperen el olor a oveja. 

Recupero el hilo, amigo Tulio, sobre el presente y el futuro de los extremeños porque tiene guasa que el hortelano se haya pasado media vida meditando sobre lo que nos pasa a los extremeños y llegue un periodista japonés y nos haga el mejor análisis de situación que haya leído en los últimos tiempos. Al plumilla nipón le encomendó su diario de Tokio -doce millones de ejemplares diarios- seguir a pie de obra el ambiente español de cara a las elecciones generales del 20 de diciembre. Al periodista no se le ocurrió mejor excusa para reflejar el ambiente electoral que vivía España que trasladarse a un pueblo de la región que sufriera más paro de España. Debió teclear en la maquinaría y le pareció bien elegir Montijo, que tiene la nada envidiable cifra del  40,23 %  de paro. A la vista de la alegría y de la conformidad con la que los habitantes vivían en la localidad, el periodista llegó a la conclusión de que aquellos extremeños parecían felices y resignados. “No veo a la gente muy desesperada por el paro”, dijo y escribió. ¿Qué otra cosa esperabas, mi querido Keiichi Homma? ¿A qué tanta sorpresa si tú mismo te has atrevido a contar en tus crónicas el tinglado de fraude y de picaresca que han montado mis paisanos para trabajaban unos meses para cobrar el desempleo y, cuando el paro se termina, otra vez al empleo comunitario, y cuando el empleo comunitario o similar…?

¡Qué te voy a contar a ti, amigo Tulio, que no sepas de cómo el fraude y la picaresca campean libres por nuestras tierras!

El hortelano está en estos días preparando los semilleros para la siembra de las hortalizas del verano. Dentro de unos días, cuando sus paisanos guarden las panderetas, deberá abrir el arcón de sus tesoros hortelanos, donde guarda como si fuera joyas, las simientes de los tomates, los morunos, los negros de Crimea y los rosas de corazón de buey, y los pimientos, las ñoras y los cayenas, y las berenjenas para depositarlas en los criaderos. Los tomates del verano, los que sazonarán el gazpacho y el salmorejo de agosto, están ya en proceso de producción y apenas han llegado este año las heladas. ¡Cuán lenta es la naturaleza! ¡Casi tanto como el proceso de convergencia de los extremeños con el resto de los españoles! Cada diciembre, el INE nos recuerda, a quienes quieran leerlo, que pasan los años y las generaciones, y que décima arriba, décima abajo, Extremadura sigue anclada en el laxitud de la vida confortable en el fondo de los divergentes. Pero somos felices, como lo son mis paisanos que se aprestan a celebrar con entusiasmo San Antón y, días más tarde, San Blas y los Samblases, y a renglón seguido los carnavales, y luego la Semana Santa. ¡Querido colega nipón, vente a contar al mundo entero lo bien que se vive en una aldea que tiene el 43,21 % de paro!

Las grullas, los villancicos y los versos, el día que el hortelano fue incapaz de fabricar una impertinencia

El hortelano lleva días confuso, disperso y aturdido. Le ocurre siempre que pasa el tiempo sin pisar la huerta. Es como si los dioses hortelanos se vengaran de quienes abandonan sus obligaciones y tareas. Lleva días azacaneado viendo pasar el tiempo sin ser consciente de que, a una determinada edad, los días sin substancia son moneda falsa. Se consuela pensando que, ahora que ha llegado el invierno, es el momento de los placeres melancólicos. ¿Placeres melancólicos? Sí, placeres melancólicos. O díganme de qué otra forma se puede nombrar lo que a continuación les digo: en el tiempo de las grullas las labores en la parcela se espacian y siempre que esto sucede, es decir tan pronto suena el trompeteo de las grullas, el hortelano abandona la azada o la tijera y se embebe contemplándolas camino de los dormideros. Y piensa que ese rumor que llega desde el cielo es un sonido primitivo y ancestral, como reliquia de edades remotas, de cuando el universo comenzó a tener historia. Cuando estas tierras las habitaba o las deshabitaba el hombre de las cavernas, cada mañana apartaría la piedra de su cueva, se asomaría al exterior y escucharía, como estoy escuchándolo ahora, el vuelo sonoro de las grullas que llegan desde las tierras del frío a la tibieza del bosque extremeño para competir con los gorrinos esperando que el fruto de la encina y de los alcornoques se estrelle contra la tierra tibia de la dehesa. Para los que habitamos esta tierra austera y generosa el paso de estas aves en invierno es tal vez el recurso poético o lírico más en consonancia con el tiempo de la Navidad, en las horas en las que se afinan los sentidos, las sensaciones se hacen transparentes, se licúan los sentimientos.  

El hortelano ha hecho los deberes del invierno. El primero y principal, el acarreo de leña para la chimenea. Míralo con su gorrilla calada arrastrando el carrillo por la calle repleto de los leños de encina que, esta misma tarde, crepitarán en la chimenea de su casa. Escucha con qué felicidad responde a sus vecinos cuando le dicen “no está mal para lo que se avecina”. Nada tan reconfortante como este trabajo, preludio de las jornadas de deleite viendo como, mientras escucha música, el sol enciende en el patio el fruto del limonero. Porque esta leña de encina calienta más el corazón que los pies. Y no parará de conducir la mirada desde el capricho de las llamas de los leños ardiendo hasta el verdor del jardín que presiente la escarcha de la noche ¡Dulce, fecunda, inspiradora melancolía! Y ahora que está escuchando el chelo que compuso Dvorak y, a veces, parece que el chasquido de la lumbre acompaña el final de cada tempo,  se le vienen a la infeliz memoria los versos tantas veces degustados que te reconcilian con el mundo y las cosas, comenzando por los versos de Jorge Guillén del “beato sillón”. El sillón al que Jorge Guillén sacralizó es este mismo en el que yo veo el declinar del día y desde el que recito los pocos versos que el hortelano recuerda: “No pasa nada/. Los ojos no ven, saben/El mundo está bien hecho…”

Sigues regurgitando los otros versos de Juan Ramón. Estos sí que los recitas más de recorrido porque muchas veces te has reconfortando diciéndolos: “¡Qué quietas están las cosas/ y qué bien se está con ellas!/ Por todas partes, sus manos/ con nuestras manos se encuentran./ Cuantas discretas caricias, qué respeto por la idea;/ como miran, extasiadas,/ el ensueño que uno sueña” 

Vas reparando en el prodigio que son las cosas que te rodean, la mesa y la chimenea y el dibujo de esa niña perenne que dormita la siesta sobre su brazo y el “beato sillón” que soporta tu dulce melancolía en la soledad de una atardecida navideña. Todavía la memoria te alcanza para recordar los de Claudio Rodriguez, los versos de acción de gracias que mejor exaltan el sentimiento de plenitud melancólica que esta tarde está nutriéndote al borde de la chimenea en la cercanía de tu huerta. Son los versos del don de la ebriedad: “Siempre la claridad viene del cielo;/ es un don: no se halla entre las cosas/ sino muy por encima , y las ocupa/ haciendo de ello vida y labor propias/. Así amanece el día; así la noche/ cierra el gran aposento de su sus sombras”.

Y así, de verso en verso, podrías ir componiendo tu pequeña antología de los placeres de una tarde de invierno y dejar que la memoria te conduzca a los versos de dos poetas a los que frecuentas no solo en los libros sino en el calor de la amistad recompensada. Los versos de tu amigo Pepe Iglesias que exaltan la tierra a la que tanto quieres y con la que tan comprometido sin interés te encuentras: “Vamos a caminar sobre el último/ rescoldo de la tarde encendida./ La muerte toca las hojas del otoño./Y estás tú sonriéndole al crepúsculo./ Y estoy yo callado y pensativo,/ más allá de todo. / Más allá de todo…”

 O estos otros, también de Pepe Iglesias: “En esta lenta soledad del día/ que desgrana minutos como gotas/destilando ternuras o ansiedades,/presentimos la vida./ Presentimos que a veces nos estalla en lo íntimo/ un furor de palabras que desciñen la noche…”

Y los versos horacianos de otro amigo poeta, Juan Carlos Rodríguez Búrdalo. “Ahora que los años han ardido/ en los fuegos oscuros de la vida, /ahora que el recuerdo es solo sombra;/ ahora que los pasos son opacos/ y no encuentra su espejo la mirada;/ ahora llevo turbio el corazón/ y nevado el retrato de aquel niño. / La memoria se extiende como un valle/ entre la niebla, música guardada/ hasta el vuelo final de la belleza./ Solo el río pequeño sobrevive,/ cada vez más cercanas sus orillas…”

Perdona, Tulio, a este viejo amante de una patria bucólica ya fenecida; disculpa que hoy, ebrio de versos, no se le ocurra ninguna impertinencia. El mundo esta bien hecho, las cosas nos hermanan en la belleza, y la nostalgia me ha secado el caudal de la impertinencia. Y es que, esta tarde navideña, el tiempo se ha metido en lluvia y en versos y en melancolía ¡O dulce melancolía de los textos de Pessoa, de Machado, de Rilke, de Juan Ramón o de Juan de la Cruz (Oh noche más amable que la alborada)! Tan pronto como se apaguen los últimos murmullos de la aldea este aldeano melancólico se irá a la sombra de la luna (¡es luna llena!) de uno de los arcos de la plaza para recitar los versos que los poetas amigos –Álvaro Valverde, Juan Carlos Rodriguez Búrdalo y José Iglesias- dedicaron a la plaza porticada. La plaza de mi pueblo, querido Tulio, es la gran señora de las plazas de los pueblos. ¡Feliz Navidad, Tulio!

DONDE SE REFLEXIONA SOBRE LA LEALTAD ELECTORAL DE LOS EXTREMEÑOS

Ya estamos “do solíamos”. Estamos, pues, en la situación original y peculiar de la parte más meridional de Celtiberia: Andalucía y Extremadura son los únicos territorios de España que votan mayoritariamente al PSOE. No te ofendas tan temprano, Tulio. Solo trato de encontrar una explicación a un hecho excepcional: la lealtad de Extremadura y de Andalucía al PSOE.

Imagina, Tulio, que yo fuera un alma inocente, habitante de un limbo en el que todos los allí  empadronados no tuviéramos la más mínima predilección ideológica ni afectos declarados por ningún partido político. Si no te convence la comparación, propongo esta otra: imagínate que tú y yo perteneciéramos a un departamento de estudios políticos, y nos hubieran entregado el informe completo del sondeo del CIS publicado el 3 de diciembre pasado sobre expectativas electorales para las elecciones generales del día 20. Imagínate que nos pidieran opinión sobre las lealtades electorales de determinados territorios, y reparásemos en el hecho de que solo Andalucía y Extremadura tuvieran voto mayoritario para el PSOE.

Imagínate, Tulio, que el hortelano no hubiera olvidado del todo las reglas de los silogismos y que en una noche de insomnio se sobresaltara balbuciendo estos razonamientos:

 

  • Premisa número uno: Solo Extremadura y Andalucía votan mayoritariamente al PSOE
  • Premisa número dos: Extremadura y Andalucía son los territorios menos desarrollados de España
  • Conclusión: Los territorios menos desarrollados votan al PSOE

 

Razonamiento impecable. La regla del silogismo no te permite dar saltos en el raciocinio. La afirmación y su derivada tienen que tener una relación directa y unívoca. Por ejemplo, de las dos premisas anteriores tú no puedes concluir que el socialismo sea la causa del menor desarrollo de Extremadura y de Andalucía. Pero tampoco podrías rebatir la opinión de que el socialismo favorezca el subdesarrollo de Extremadura y de Andalucía. Todo ello sin certeza absoluta porque alguien te podría replicar con toda razón que existen territorios en Europa donde la socialdemocracia ha gobernado los pueblos más prósperos. Cierto. Luego, “ergo” que decían los latineros, habría que concluir que posiblemente el menor desarrollo de Extremadura y de Andalucía deriva del modo como se ha aplicado el socialismo o la socialdemocracia. Sería, en este caso, cuestión de circunstancia y no de naturaleza. Eso sí, circunstancia tan persistente que a punto está de naturalizarse. Andalucía no ha conocido más gobierno que los de Rodríguez de la Borbolla, Chaves, Griñán y ahora de la dama que aspira a gobernar el socialismo en general. Y me falta uno anterior a Rodríguez de la Borbolla.  En nuestra tierra, los dos sistemas que han conformado la modernidad han estado gobernados, uno por Franco en la dictadura y por Ibarra en la democracia. Antes de Franco, en Extremadura hablaríamos de prehistoria. A Fernández Vara, en su primer gobierno, apenas le dejaron abrir su maleta, y  lo de Monago fue un paréntesis que, me temo, los historiadores van a tener dificultades para clasificarlo.

Dando por hecho que mi silogismo es irrefutable, sigamos conjeturando. Ayúdame, Tulio, a componer una tabla de posibles razones o conjeturas que expliquen la lealtad electoral de los extremeños. Tal cual estas:

 

  1. Los extremeños mayoritariamente piensan que el PSOE gestiona mejor que la derecha las políticas sociales
  2. Los extremeños nos sentimos más cómodos y reconfortados dentro de las políticas asistenciales que en aquellas que exigen mérito y esfuerzo
  3. La derecha extremeña aún no se ha liberado de la imagen de abuso feudal y caciquil que acuñó durante siglos
  4. Los extremeños estamos habituados por razones históricas y culturales a sentirnos gobernados
  5. La mayoría de los extremeños entienden que los gobiernos socialistas subvencionan con más prodigalidad que los gobiernos de derecha
  6. Treinta años de gobiernos del PSOE frente a cuatro del PP han creado vínculos clientelares muy potentes y construido un sistema de absoluta dependencia administrativa y política
  7. Las estructuras de partido del PSOE son más fuertes y dinámicas que las de la derecha

 

Llegado a este punto, yo me atrevería, Tulio, a plantearte esta otra cuestión: ¿hasta qué punto la financiación de la pobreza perpetúa la situación de dependencia? Sobre esta peliaguda cuestión, atrevámonos a plantear tres interrogantes:

 

  1. Las medidas de subvención, tal cual se entiende el “empleo social”, ¿acaso no ayudan indirectamente a prolongar el estado de pobreza?
  2. ¿Se puede salir del subdesarrollo en base a programas subvencionadores?
  • ¿Existe alternativa a corto o medio plazo para superar esta maldita conexión entre pobreza y subvención?

Podíamos seguir enumerando otras intuiciones, pero probablemente las anteriores sean suficientes para construir el informe electoral que nos han solicitado. Bastaría con poner números y cuadros para vestir el diagnostico. No nos han pedido que planteemos soluciones Acuérdate, Tulio, que comentemos más tarde el artículo del director del papel principal de Extremadura que glosa los datos aportados por un alto funcionario de la Junta que sostiene que el 60 % de los presupuestos extremeños son recursos allegados desde fuera del territorio. Ojalá estos datos no lleguen a los papeles de Cataluña sobre todo al conocimiento de ese periodista talibán que abre cada mañana su programa informativo con esta estupidez: “buenos días, catalanes…; buenos y esforzados días para que andaluces y extremeños cobren el subsidio de cada día…”

Tengo para mí, Tulio, que con las políticas sociales pasivas ocurre algo parecido a lo que me sucede en la huerta con algunos virus o plagas, por ejemplo con la cochinilla de los naranjos. Me temo que los bichos se han acostumbrado al medicamento y apenas causan efecto. No encuentro mejor ejemplo en mi pequeño universo hortelano. Fumigo una y otra vez y ¡mira qué lástima mis naranjos! Se han vuelto resistentes a la química. ¿Qué hago, Tulio? ¿Sigo fumigando o cambio el tratamiento? Me estoy perdiendo Tulio en estas disquisiciones y no logro alumbrar ninguna impertinencia. Porque yo quería plantear ahora algo parecido a esto: cómo las constantes históricas, lo que llamo circunstancias, cuando se prolongan el tiempo, toman carta de naturaleza y se fosilizan. Salvo que sobrevenga un agente provocador del cambio. Pero no parece que la lealtad electoral de los extremeños lleve trazas de cambiar, a pesar de que existen evidentes elementos provocadores. El efecto Podemos y Ciudadanos, dicen las encuestas, no afectará en gran medida. Los extremeños hemos entendido que se está muy a gustito al calor de la condición compasiva de los socialistas. Recuerdo una de las anécdotas más aterradoras que escuché en boca de un alto dirigente político extremeño: “si voy a un pueblo y les prometo empleo para todos, salgo de allí a pedradas”. Es verdad que eran los años gloriosos del per. Cierto, Tulio, absolutamente cierto

Iberdrola apaga la Fundación San Benito de Alcántara y nadie se da por enterado

El hortelano pide ayuda y socorro: que alguien le explique las razones por las que el Gobierno de derechas (¡ojo, que no ha sido el gobierno, que ha sido la CNMC!), digo que un gobierno de derechas se haya decidido a sancionar a Iberdrola con 25 millones de euros. En el papel que lo anuncia, al hortelano le ha parecido entender como que si, a veces, lo hidroeléctrico y en otras ocasiones lo nuclear, se utilizaban para amañar los precios del kilowatio. Y siempre que se habla de kilowatio hidroeléctrico y de Iberdrola, este hortelano levanta la tarjeta. ¡Pero qué tendrá que decir un modesto cultivador de lechugas en este tema y problema del que solo saben y conocen mentes privilegiadas! Lo diré: el hortelano se atreve a emborronar esta pantalla por cinco razones: primero, porque, tan pronto como abandona el muro de su huerta, ve en lontananza una masa de agua inmensa propiedad de Iberdrola. En segundo lugar, porque esta empresa es la que produce algo más de una cuarta parte de toda la producción industrial extremeña. En tercer lugar, porque el hortelano sentía predilección por la tarea que venía realizando la Fundación San Benito de Alcántara, inventada y sostenida por Iberdrola, y la acaban de suprimir de un plumazo sin dar la más mínima explicación y ¡oh sorpresa! sin que nadie haya escrito ni una línea de obituario por la institución que, con más recursos y éxito, ha paseado el nombre de Extremadura por el mundo. ¿Más que la Academia Europea de Yuste? Digamos, que a la par. Y en cuarto lugar, porque los hombres de campo somos de natural receloso -¿verdad, don Josep Pla?- y pensamos que, tras Iberdrola, hay gato encerrado. Y todavía, un ordinal más: en quinto lugar, porque al hortelano le gusta meterse en todos los charcos, y, muy especialmente, en aquellos que todos los orillan. Veamos, pues.

¿Qué ha pasado para que aquel Rodríguez Ibarra tronante y poderoso se haya transmutado de forma tan radical desde que dijera aquello del “ultimo gánster del siglo XX” referido a José María Oriol, el gran patrón de Hidroeléctrica Española, y que fue capaz de doblar el pulso de la eléctrica, empeñada en construir en Valdecaballeros otro emporio nuclear, mayor que Almaraz. De todos modos, pienso que la historia del cierre de Valdecaballeros no está bien contada. Algún día acudiré a mi colega el hortelano de Villanueva de la Serena para que me refresque la memoria. No vaya a ser que esté yo concediendo a Ibarra la autoría de aquella decisión, y no haga justicia a quienes un día le cantaron las cuarenta al ministro Solchaga en su despacho. ¡Jó, qué pelma es ese mi amigo hortelano de la Serena, todo el día con la uva eva beba, con la merina negra o del tomate corazón de buey como si no existieran otros  productos iguales o mejores! Nuestras discusiones hortelanas son épicas. Un día me atreví a decirle a la cara que aquello que tanto veneraba, la dehesa, era consecuencia del régimen feudal más oprobioso que haya soportado su tierra. No sé si me lo ha perdonado. Igual necesito bajar a su terreno y llevarle una botella de blanco beba a 22 e. la botella. Mi otro amigo sibarita dice que Victorino Martín, ahora también vinatero, está agotando las añadas a pesar del precio.

Perdona, Tulio, me estoy yendo por las ramas, y a apunto he estado de  enredar la lengua contando que desde mi huerta, cuando se espesa el silencio, casi se pueden escuchar los bramidos de los toros de Victorino Martín, que –por cierto- beben agua de Iberdrola y ¡qué gusto da ver la vacada brava abrevando en las aguas del embalse de Alcántara! Me refería, Tulio, al cambio que ha dado el presidente Ibarra en su iconoclasia eléctrica.  Aquel presidente sienta hoy en su mesa (“Fundación Centro de Estudios Juan Carlos Rodríguez Ibarra”) a un colaborador reconvertido en directivo de Iberdrola. Amigo, Tulio, no dejes de leer uno de los capítulos del libro “El oficio de unir/Reflexiones y experiencias de un hombre inquieto”, escrito por un hombre enamorado de nuestra tierra, y te enterarás de cosas sobre las que nunca nadie se ha atrevido a escribir. Verás cómo las relaciones entre los políticos extremeños e Iberdrola no han sido precisamente transparentes. Ni lo han sido, ni lo son. De lo contrario, ¿cómo interpretar la fotografía que hace solo unas semanas salió en las portadas de los medios de comunicación extremeños de los presidentes de Extremadura y de Iberdrola, con cara de regocijo, ante el puente romano de Alcántara, inaugurando la iluminación del monumento, dando luz a un puente que ellos mismos han apagado? Que sí, Tulio, no tengas duda. La Fundación San Benito de Alcántara y una de sus iniciativas más interesantes, el Premio Internacional “Puente de Alcántara”, han sido durante muchos años el símbolo moderno de Extremadura. Jefes de Estado, de Gobierno, intelectuales y expertos de primer nivel han pisado y se han alojado en la Conventual de San Benito. Parecido a lo que hicieron en Yuste. Y sin embargo, el primero de los inventos lo han apagado, y al segundo lo han olvidado. ¿Cómo se atreven a posar delante de este símbolo cuando uno ha decidido y el otro ha consentido sacrificar una de las instituciones sobre las que se ha volcado más talento y creatividad en Extremadura en los tiempos modernos.  Y, además, gratis para los extremeños.

 

Te veo venir, Tulio. Ya sé que de gratis, nada. Nada relacionado con Iberdrola es gratis para Extremadura. Es la gran señora de esta tierra. Más que Inditex para Galicia, que la siderurgia para Asturias o que Abengoa para Andalucía (¡vaya, hombre, qué oportuna la referencia!). Mira el mapa de Extremadura, Tulio. Rapara en los embalses del gran río desde que abandona Toledo. ¡Todo para Iberdrola! Valdecañas, Torrejón, Alcántara, Gabriel y Galán, Cedillo, centenares de kilómetros de río embalsados, la mayor superficie de España de agua embalsada. En tiempos jóvenes, el escribano dirigió unos papeles olvidados. Se llamaban “Región Extremeña”, y allí se atrevió a titular: “El Tajo, botín de guerra”. Eran otros tiempos y probablemente fue un titular desmesurado, pero más honrado que el silencio con el que ahora se tratan los temas eléctricos. Si se hubiera permitido construir Valdecaballeros, Extremadura se hubiera convertido en una especie de parque temático eléctrico. La desproporción entre la producción eléctrica y el resto de la industria en Extremadura es abismal. No por mérito de lo eléctrico, que también lo es, sino por nuestra ancestral pobreza industrial. La producción eléctrica extremeña es del 26,72 % del total de la producción industrial, casi tanto como la producción industrial agroalimentaria, contando la del tabaco. Por ello digo que nada que le ocurra a Iberdrola es indiferente para Extremadura. A cambio, ¿qué facturación realiza Iberdrola y sus asociadas fruto de sus instalaciones en Extremadura? ¿Qué porcentaje de sus beneficios revierten a Extremadura? De los presupuestos culturales o de RSC, ¿cuánto se restituye a nuestra tierra? ¿Dónde tributa la central nuclear de Almaraz, con enorme diferencia la “fabrica” mayor con la que cuenta Extremadura?

Ya sé que no te atreves, Tulio, a contar en público lo que susurras en privado. La Fundación San Benito de Alcántara, con todos sus recursos y propiedades, ha desaparecido. Como si se la hubiera tragado las aguas del embalse. Ni está ni se la espera. ¿La habrán fusionado en la Fundación General Iberdrola, que preside el ex presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín. El presidente de la Fundación Iberdrola es un claro ejemplo de puerta giratoria y nadie lo ha contado. Aunque, en Extremadura, apenas se necesitan puertas giratorias pues parece que algunos viven desde siempre en la misma casa. Como otro de los personajes más poderosos de la política extremeña, el que fuera consejero principal de los gobiernos de Rodríguez Ibarra, y ahora alto cargo y consejero de Iberdrola. ¿Qué hace Manuel Amigo en el patronato de la Fundación Centro de Estudios Juan Carlos Rodriguez Ibarra? Sí, Tulio, Manuel Amigo, el de las vallas de El Paleto y el de los locales alquilados. No seamos indiscretos, Tulio. Ya sé que no debiera haberlo escrito. Pero escrito está. De todos modos, sigo recomendándote que leas lo que Saenz de Miera escribió en su libro de memorias. ¡Nada tan indiscreto como un viejo honrado y memorioso! Otro día que me cojas desocupado te contaré la historia de la Corporación Empresarial Extremeña. Verás qué divertido.

Llevo mal, Tulio, el apagón que ha sufrido la Fundación San Benito. Y llevo peor que se haya hecho con alevosía, con el consentimiento de toda la clase política. Pero te contaré, Tulio, cómo era uno de los paisajes más extraordinarios de Extremadura, sumergido ahora en las aguas del embalse “José María Oriol”, aquel al que Ibarra tituló de aquella forma. Era una pequeña Mesopotamia, un valle en el que confluían y afluían en el padre Tajo el Almonte y el Araya. Visto desde cualquiera de sus colinas, allí confluían desde la prehistoria los caminos de la Iberia y de la Lusitania. Era el vado por el que transitaron el ganado de las tribus, los ejércitos de Roma, y el fragor de las tropas en la Reconquista. Aquel sitio sumergido tenía dólmenes, calzada y puente romano –Alconétar-,  castillo templario y basílica visigoda. Mis paisanos cultivaban algodón, pimiento y tabaco. Eran tierras de fértil labrantío. El gran río se desperezaba en el valle de Alconétar formando un gran meandro que, visto desde las colinas, era como si abrazara puentes de carreteras y de ferrocarril antes de volver a refugiarse en el tajo de jaras y acebuches camino del otro puente romano, el de Alcántara, cuya iluminación Guillermo Fernandez Vara e Ignacio Sánchez Galán han inaugurado, después de haber dado el gran apagón a la Fundación que era una de las pocas cosas bien hechas y gestionadas en Extremadura. Descanse en paz, y en el silencio cómplice de quienes la han sepultado.

¿Estarán subvencionados los tanatorios? Y ¿por qué no subvencionamos a los relojeros?

El hortelano pertenece a una cofradía que se prohíbe a sí misma recibir subvenciones. Ni públicas ni privadas. Y no lo hacen por ostentación, sino por respeto, un respeto casi sagrado, a los dineros públicos en una tierra que se ha acostumbrado a que el gobierno nos ponga la mesa, y sobre la mesa el mantel, y a veces también los condumios. Cuando mi amigo Generoso llevó los estatutos a la ventanilla para que el funcionario -somos también la tierra con más funcionarios per cápita- le pusiera la póliza, el empleado se rascó el cogote y le dijo que nunca nadie fue allí con semejante cosa. Debió pensar que había gato encerrado. Y lo había, y sigue habiéndolo porque pocas cosas más revolucionarios en esta tierra que renegar de los dineros públicos. Muy pocos de mis vecinos saben quién pone los cuartos -si el Estado, la Junta, las Diputaciones, las mancomunidades, los ayuntamientos, y ¡qué decir de Europa!-, pero todos nos hemos acostumbrado en esta gran aldea que es Extremadura, dicho sea con permiso del señor McLuhan, a vivir de lo público. Menos en los entierros, en lo demás, todo lo demás, hay una porción de dinero público. Y dudo mucho que en los entierros no haya también unas décimas con cargo a los Presupuestos. No vaya a ser que los tanatorios, que han proliferado como setas en este otoño que ha enverdecido las dehesas, no cuenten también con esta nómina. ¡Qué negocio deben ser los tanatorios! Por cierto, ¿estarán subvencionados los tanatorios? Si lo estuvieran, ¡qué estupenda metáfora, la de los tanatorios subvencionados, para adornar la impertinencia del hortelano!

 Hablando del negocio de los muertos, me llega perfectamente documentada la noticia de que durante el último trimestre en mi aldea nació un niño, se enterraron ocho personas. ¡Menuda noticia para comenzar la semana…! Para conjurar lo del tanatorio el hortelano se va por la vereda de su parcela para tocar madera de “palosanto”, ahora que le he ayudado a despojarse de todos sus frutos. Hasta ese lujo nos podemos permitir los rústicos: hacer conjuro sobre madera sagrada.

 Una vez, al hortelano lo montaron en un bus repleto de gentes provectas, y en el corrillo de atrás, donde en los viajes se sientan siempre los más gamberros, a aquellos señores muy sabios e importantes les dio por contar los excesos subvencionadores que ellos habían presenciado, y allí apareció una especie de monipodio de fastos y festejos a cuenta de los dineros públicos. En mi universidad, dijo uno, se ha creado un erasmus para los bedeles; en mi Comunidad se subvencionó el trabajo de las empleadas del hogar; en la mía se creó un colegio de escritores becados; en esta otra se impartió un curso se sexadores de pollos, etc., etc. Más tarde nos dimos cuenta que, entre aquellos señores tan locuaces, estaba un asesor parlamentario de la señora Merkel. El hortelano se mantuvo en silencio porque no quiso descubrir ante aquellos señores el repertorio de excesos que cometen mis vecinos. Y es que en mi tierra las verbenas se celebraban con dinero público , y las capeas, y los teatros, y se construyen pistas de tenis que muy pronto criaron matojos, y ustedes pueden ver paseos en las carreteras de muchos pueblos con luminarias esplendorosas, bancos de hierro fundido y papeleras por donde no pasa nadie, y pistas de tartán – ¿para qué sirven las pistas de tartán en la Perala?- y pistas de pádel con graderío para lucir cemento, de modo que la pobre gente terminó creyendo que por las noches unos gnomos fabricaban billetes en los sótanos de las residencias oficiales. ¡Qué más da, si lo paga el Estado!…

Amigo hortelano, estás haciendo caricatura de lo que ha sucedido en esta y en otras tierras. Gracias a lo que llamas dineros públicos, tu aldea probablemente se mantenga abierta. De lo contrario, tú no oirías la campanas que tanta ilusión te hace escucharlas, ni tendrías a mano quien te solucionara los problemas, ni médicos que te dieran seguridad de que, cuando los precises, estarán a no más de treinta minutos por carreteras asfaltadas.

Hace años, el hortelano mantuvo con un preboste de su tierra una polémica de resultas de la cual, aquella personal principal le retiró el saludo. Se trataba de dilucidar qué era más digno para mis paisanos: si un empleo comunitario en su pueblo o que, convertido en emigrante, se empleara en la empresa municipal de transportes de Madrid. Eran los tiempos del PER y aquella autoridad era un partidario acérrimo del empleo comunitario. Han pasado los años, y lo del desempleo se ha agravado. A veces, aquí en el chabuco de la huerta, cuando termino de recoger las acelgas y las espinacas de cada día, y me pongo a leer los papeles, me asombro y me desespero con la desmesura de las noticias que denotan los excesos y la frivolidad con las que en esta tierra se abusa de los dineros públicos. La inmensa mayoría de las actividades que salen en los papeles, y la inmensa mayoría de los señores que hacen declaraciones, son gente que se abastece del erario público. Si alguien inventara una coloración para detectar los dineros públicos desmesurados, el papel se teñiría de rojo. Debe ocurrir con los excesos de lo público algo parecido a la razón por la que el hortelano está inactivo en su parcela dedicado a enhebrar impertinencias. Tanto tiempo deseando la lluvia, tan feliz de ver los hormigones del otoño y la eclosión de los bulbos, que, ahora, después del temporal de las lluvias, la huerta es un lodazal y corremos el peligro de que se pudran las ajos y las cebollas antes de haber siquiera germinado. El exceso de lluvia está pudriendo las coles apenas repolladas y los malditos caracoles se han adueñado del bancal de las lechugas. Pero como no hay mal que por bien no venga, los caracoles acabarán en el puchero del hortelano, y tú y los demás cofrades nos daremos un festín cualquier mañana tan pronto escampe.

-¿Ves, Tulio, cómo los excesos, hasta de las lluvias, emponzoñan la huerta! Lo mismo ocurre con los dineros públicos: los excesos de lo público adormecen al pueblo, porque, en opinión de este hortelano, el abuso de los dineros públicos provoca pobreza. 

Insisto, y lo reitero, amigo impertinente: los dineros públicos son la razón de que  estos pueblos y nosotros, los extremeños, estemos a años luz de nuestros padres y de que en tu aldea no haya hambre ni miseria, y de que a la gente le sobre un duro para gastarlo en la taberna. Este es el estado del Bienestar que afortunadamente hemos conquistado después de tantos años de carencias ¿Tienes algo en contra?

 

-Sobre el estado de Bienestar, no, querido Tulio. Sobre cómo se administra, lo tengo todo en contra. ¿Qué es el estado del Bienestar? Yo te diré lo que pienso: el estado de Bienestar es y por este orden: sanidad pública, gratis; educación pública, gratis; servicios sociales básicos, gratis; infraestructuras, a cuenta del Estado. Y nada más. Punto y final y raya roja… Si sobra algo en los cofres del Estado, mejoremos la sanidad, la educación y los servicios sociales. Y si todavía sobrara algo, todo ello para incentivar el trabajo productivo. Pero se terminaron los festejos y la gimnasia de mantenimiento y el piélago de subvenciones,  y las fuentes luminosas y las pistas de pádel con graderío, y los premios y los cursos de formación que sirven más para sostener estructuras que para financiar la emigración de los jóvenes más capacitados . Convéncete, Tulio, el peor enemigo del estado del Bienestar es quien dice que lo defiende sin reparar en su financiación. El exceso de dinero público crea adicción, tiene la virtud de inocular el virus de la pasividad y del conformismo, es el mejor aliado de la pobreza y, sobre todo y muy particularmente contribuye a crear la cultura del fraude y del despilfarro. Eso sí, los dineros públicos crean  electores leales y fieles…

Y ¿qué propones a cambio? Si suprimes lo que llamas excesos, ¿imaginas las bolsas de pobreza y de desigualdad en que se convertirían nuestros pueblos? Tú no puedes remediar en un corto plazo siglos y siglos de desamparo. Con el dinero publico hemos pasado de una sociedad casi analfabeta a generaciones de jóvenes formados y con índices de formación comparables al resto de las Comunidades.

-Y ¿hasta cuándo, amigo Tulio, estaremos achacando a la historia y a los señores feudales, y a Franco y a los absentistas los males de nuestra tierra? Te contaré lo que vi y escuché no hace mucho en relación con los jóvenes extremeños. Estaban sentados alrededor de una mesa quince o veinte representantes de la sociedad extremeña. Al hortelano le dio por considerar cuáles de entre aquellas entidades se financiaban con dineros públicos y llegó a la conclusión de que todas/todas vivían de los presupuestos. Y, como se hablaba de jóvenes, el hortelano escuchó allí mismo un dato que a punto estuvo de noquearlo. De cada cien jóvenes extremeños, sesenta están en paro, con diferencia, el índice más alto de todas las Comunidades. ¿Alguien se ha preguntado en alguna ocasión qué relación existe entre el paro de los jóvenes y la profusión del dinero público? ¿Por qué las Comunidades Autónomas más subvencionadas son, al tiempo, las que registran mayor tasa de paro? ¿Hasta cuándo vamos a seguir invocando razones históricas para justificar el atraso? ¿No será, por el contrario, que algo venimos haciendo mal en esta tierra en la que, cuando los políticos tratan de solucionar este dilema, lo único que se les ocurre es incrementar la renta de inserción o el empleo social? Mira este papel, Tulio, que hoy se vende en todos los kioscos de España. Mira qué fotos más estupendas de la dehesa extremeña en plena campaña de montanera: encinares de Fregenal y alcornocales de Sierra de San Pedro. Mira cuánta belleza en este paisaje de los cerdos, señores de la dehesa. Sigue leyendo, Tulio. ¿Ves lo que dicen? Son los cerdos que dejarán puestos de trabajo y riqueza en Joselito de Guijuelo y en 5 Jotas de Huelva. Este es el problema, Tulio. Mi amigo que siembra hortalizas en su terraza me contó la alegría de, cuando niño, llegaban los salmantinos a su pueblo llenos de fajos de billetes para comprar los cerdos después de la montanera. Y cómo sus paisanos celebraban cada año la saca de los cerdos. Y mi amigo ahora recuerda con pena que ese día de fiesta de su niñez debiera ser el día de la gran tristeza, el día en que los cerdos dejarían trabajo y riqueza fuera. Y, claro, sus paisanos tuvieron que emigrar porque no les era rentable criar los cerdos para que en enormes “jaulas” viajaran a otros territorios. Este es el problema, Tulio. El problema que nunca solucionaremos con empleo social, que no es empleo y, me temo, que tampoco social.  

Lo de las campanas -el riesgo de que enmudezcan las campanas de mi aldea si desaparecen los dineros públicos- se le ha quedado grabado al hortelano porque la otra noche escuchó en la capital que estaba a punto de jubilarse el único relojero que atendía los arreglos de los relojes de las iglesias. Y esto sí que sería un drama si, de repente, el silencio se apoderase de las torres de las iglesias de los pueblos.

Definitivamente, Tulio, tienes razón. ¡Cualquier cosa menos que enmudezcan las campanas de los pueblos!

 

Razones por las que los extremeños guardan silencio, y algunos hasta sienten vergüenza, de sus paisanos los Conquistadores

 

Hace un tiempo, al hortelano se lo llevaron a una tierra distante y muy diferente a la de su parroquia. Tan diferente que un domingo le dio por hacer turismo religioso: ahora a misa de los católicos, ahora a los Adventista del Séptimo Día, y luego a la iglesia de los Puritanos en la colina de los arces dorados, y no pudo completar su periplo devoto con la sinagoga porque de pronto reparó que, los domingos, los judíos no rezan, y, si rezan, lo hacen en privado. No, Tulio, allí no había mezquitas, que, si las hubiera, lo mismo se despoja de los zapatos y le traducen los versos del Corán. El caso es que, otro día, al hortelano lo llevaron a tomar café con otras dos personas y fue allí donde sucedió lo que te cuento, sin que ello parezca presuntuoso. El hortelano le preguntó a una señora allí presente “y tú de dónde eres”. Y como le dijera que de Santiago de Chile, el hortelano volvió a preguntarle: ¿quién fue el fundador de Santiago y primer alcalde de tu pueblo? Y como no lo supiera, el hortelano le espetó lo siguiente: pues el fundador de tu pueblo era de mi aldea, en Extremadura, España. Se llamaba Juan Dávalos Jufré. Y cuando aquella dama se repuso de la sorpresa, repitió la misma pregunta y con la misma ceremonia a la siguiente comensal. Como ella le dijera que de La Paz (Bolivia), pero que desconocía quien fuera el fundador de su ciudad,  el que escribe va y le dice que el fundador era de mi aldea, Alonso de Mendoza. Fue un momento glorioso, como si su remotísima aldea hubiera parido al mundo entero. Tan sorprendidas quedaron aquellas dos mujeres, por cierto cultas y encantadoras, que si hubiera habido una más, seguro  que el hortelano habría repetido lo que el día antes hizo con el conductor del bus turístico del pueblo grande: ¿Eres de Cuba?No de Higüey, de República Dominicana.  ¡Amigo!, ahí te esperaba yo! O sea del pueblo de la Virgen de Altagracia. Y como el autobusero mostrara su extrañeza, el hortelano le endosó con toda la razón aquello “de mi pueblo!”, la patrona de mi pueblo; la llevaron mis paisanos hace más quinientos años.

 

Tranquilo, amigo Tulio, que no voy a darte la murga aldeana, que sabes bien que este hortelano no va por las calles como aquel mi amigo en un bar de la glorieta de Bilbao, que batió palmas y preguntó: “a ver quién es aquí extremeño”, y comenzaron a salir paisanos como los conejos, antaño, de las madrigueras. No, el asunto es más serio y es que cuando he dado de mano de sulfatar los naranjos de cochinilla -¡vaya peste, todos los naranjos del pueblo, infestados!- , ha cogido el papel del día y ha leído la crónica en la que se cuenta que los guatemaltecos han sepultado clandestinamente los restos de Pedro de Alvarado, el conquistador extremeño, acusado de genocida de los indios chichimecas. Lo mismo que ocurrió no hace mucho con Hernán Cortes y con Pizarro y con Orellana, Valdivia, Hernando de Soto, Paredes, etc., etc., toda una pléyade de descubridores/conquistadores, como nunca los hubiera en la historia de España. ¿Quiénes fueron y de que condición o calaña? ¿Gente sanguinaria? ¿Gente horrenda? ¿Gente depravada? ¿Exterminadores de pueblos y razas? Respondan las gentes con conocimiento e inteligencia: historiadores antropólogos, sociólogos. Absténgase de opinar, al menos en este tercio, los demagogos y gente indocumentada. Nuestros conquistadores ¿cometieron más salvajadas que los colonizadores de Nueva Inglaterra, que los holandeses del rio Hudson, que los franceses en la Martinica, que los belgas en el Congo, que los británicos, portugueses, holandeses en el capítulo más despreciable de la humanidad, los traficantes de esclavos, que los propios emigrantes americanos exterminando a los indios en el Oeste, y más modernamente los colonizadores de África? ¿Cortés fue más cruel que Alejandro Magno, más que Julio César? Suponiendo que toda Conquista y Colonización, vistas a siglos de distancia, tuvo rasgos de violencia y crueldad, ¿por qué ese ensañamiento con la memoria de los conquistadores extremeños?

Recordarás, Tulio, que últimamente se ha producido una cascada de anatemas sobre los conquistadores, hasta el punto de que nadie/nadie se ha atrevido, no digo a defenderlos, sino  a señalar la frivolidad de los improperios sectarios e ignorantes. ¡Callan los cátedros de escalafón, callan quienes cobran por mantener el prestigio de los extremeños! No un historiador, no un profesor universitario, no un gestor de los asuntos culturales, sino un catedrático de urología, extremeño, nacido en Salvaleón, hombre culto y cultivado, ha sido el único en reflexionar sobre el papel  de los conquistadores extremeños en el Nuevo Mundo. Se ha atrevido a diferenciar lo que fue la conquista y lo que fue el hecho colonizador, el valor histórico del mestizaje desde los albores de la Colonización en toda la gama de comportamientos, desde el más humano y familiar al religioso y cultural, y la ingente tarea de creación de hospitales también “para indios y naturales”. El hortelano recuerda haber leído el homenaje de su amigo del alma de Campanario narrando la aventura heroica y justiciera de los Doce Apóstoles salidos del convento Belvis de Monroy, y las tres decenas de franciscanos descalzos de mi aldea que hicieron caridad y socorro en una epopeya fantástica que muy pronto va a editar mi otro amigo el caminero, un salmantino reconvertido en extremeño  (¡otro que no es historiador, pero tanto o más documentado que si lo fuere!) Por cierto, ¿qué hacen los del departamento de Historia de América de la Universidad de Extremadura? Nada, amigo Tulio, nada y muy poco. Creó que no hace mucho murió el titular del departamento. Ha pasado el tiempo y no han cubierto la plaza. ¿Qué más da? Otro por cierto: ¿cuántas investigaciones ha alumbrado el citado departamento de Historia de América? Hagan la prueba: tecleen en la maquinaria: “Universidad de Extremadura, área de Historia de Iberoamérica”. Repóngase cuanto antes del disgusto.

Parece que los extremeños hemos seguido al pie de la letra la consigna de “descabalgar a los conquistadores” y a ver ahora cómo, dóciles y sumisos que somos, sabremos reivindicar la memoria de quienes inventaron el mestizaje, llevaron la civilización y la cultura, la medicina, la música, el arte, la arquitectura, a todo un Continente. Y debemos también examinar en su contexto los excesos y los desmanes cometidos por algunos  de nuestros conquistadores y descubridores. Los extremeños sentimos vergüenza y sonrojo histórico de aquellos que descubrieron un mundo nuevo. ¡Cómo si nos sobraran héroes y personajes en una tierra más bien necesitada de referencias importantes! Convéncete, Tulio, nuestros dirigentes no han superado el estigma franquista de aquello de “somos los hijos del gran Pizarro, los hijos somos de Hernán Cortes y en nuestro pecho noble y bizarro…” Con los Conquistadores, como con tantas otras cosas, o no llegamos o nos pasamos…

 

-Mira, amigo Tulio, cuando este hortelano se reencarne en una persona de principal, una de sus primeras decisiones será la elaboración de un Plan Estratégico de Rescate de la Memoria Histórica de los Descubridores Extremeños. El hortelano comenzaría por nombrar un comité de sabios y expertos en la historia de América. Y le pedirá que el Plan contenga estos tres capítulos: a) fomento del estudio de la historia de América en relación con los Descubridores extremeños; b) fomento de las artes y de la cultura relacionada con el Descubrimiento; y c) aprovechamiento social y turístico en relación con el Descubrimiento y conquista de América.

-¿Y quién te iba a pagar la fiesta, amigo hortelano?

-Me han dicho que con detraer un 3% (¡vaya, hombre, me ha salido el mismo porcentaje que los dedicados a la corrupción!) de los recursos extremeños aplicados a la cultura y al entretenimiento, tendría de sobra para hacer de América el gran argumento de la regeneración y de la autoestima de los extremeños.

 

El hortelano recuerda todavía la cara de sorpresa de aquellas dos señoras a las que descubrió un día, lejos, muy lejos de la huerta (en las proximidades de una calle con el nombre, precisamente, de Orchard Drive) el origen de dos ciudades, dos enormes metrópolis, fundadas por gentes de su aldea. Como lo puede hacer cualquier extremeño que cruce el océano, y se asombre de cuán grande es la huella extremeña en América. ¿Es posible que esa grandísima epopeya la realizaran gente sanguinaria y depravada, sobre la que sus paisanos actuales guardan un silencio ominoso?

 

 

Postdata. Recojo el guante, amigo Tulio, los libros sobre la opinión de viajeros y escritores en relación con Extremadura es más amplia de la que el hortelano consignó en su comentario anterior.  Junto a la Pecellín y a la de la Delegación de Cultura del año 1954, he de añadir la estupenda edición de la Editora Regional de Extremadura con el título de “Miradas sobre Extremadura”, con textos de Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, Martín Garzo, Andrés Trapiello…, con dibujos de Pedro Gamonal y Salvador Retana. ¡Estupenda edición, probablemente ideada por Álvaro Valverde, amigo de este escribano y uno de los poetas importantes que ha producido esta tierra! Y añadiría, para completar el escaparate de opiniones foráneas sobre Extremadura, los dos volúmenes editados por la Diputación de Badajoz sobre los viajeros ingleses por Extremadura y sobre todo la edición pionera de María Dolores Maestre, “12 viajes por Extremadura de los viajeros ingleses”, publicado con dineros de ¡Caja Salamanca! Y lo que el hortelano no se explica es por qué se soslaya la visión tenebrosa que sobre Extremadura escribió Mariano José de Larra en 1835 y que está a disposición de cualquiera en la maquinaria. Larra, de origen extremeño. Su madre, nacida en Villanueva de la Serena, y su padre, médico militar en Cáceres. En cuanto el hortelano haga cosecha, lo mismo se pone a emborronar un cuaderno con este nombre: “Así nos ven y así nos vieron…”

Cuerpo a tierra: el Prior ataca de nuevo

¿Pues no me decías, Tulio, que el prior/guardián de Guadalupe no volvería a firmar en la revista mariana del  Monasterio? Aquí lo tienes de nuevo, repartiendo mandobles sin cuento. Recordarás que en la entrega anterior le tocó el turno de burla y escarnio a la gente de Ciudadanos. Hoy corren varilla, los de Podemos. Antes sufrieron los denuestos del fraile los socialistas y hasta los populares. A cada cual según su condición y el humor del clérigo. ¿Qué no conoces la revista? Es una revista religiosa llena de vírgenes y santos, de comentarios piadosos, de incursiones históricas al hilo de Guadalupe, fundada en 1916, y dirigida ahora por un fraile inmisericorde, que, de haber vivido siglos atrás, habría hecho maravillas inquisitoriales. ¡Una joya, amigo Tulio! Como te decía, los escritos del prior/guardián podrán estudiarse en la Facultad de Filología hispánica como ejemplo depurado del noble arte del insulto y del escarnio. ¡Ya me veo a los alumnos en la planicie del campus cacereño sacando brillo, por ejemplo, a estos vocablos que el padre prior escribe en este número de la revista de la orden franciscana: “bufa catalana”, “menina madrileña”, “chirigota gaditana”, “populismo miliciano” “golpistas gorilones”, “cretinos” “aviesa”. Así y más tilda a las alcaldesas de Barcelona, de Madrid, al munícipe de Cádiz y no contento con toda la fauna de Podemos, amplia sus invectivas a Alfonso XIII (“Alfonsito”) y a Azaña. ¡Jó, qué palo le arrea el fraile franciscano al obispo de Solsona! ¡Fíjate, Tulio, qué observador es el buen fraile que cuando le toca el turno del zarandeo a la concejala madrileña que irrumpió en la capilla de la Facultad, repara que iba sin sujetador. Creo recordar que en la entrega anterior algo malo decía también de los pechos de Rosa Díez. ¿Será fijación, la de este fraile con las tetas de las señoras?

Pues sí, Tulio, tienes razón. Dejemos en paz, mejor dicho en guerra, al Prior franciscano puesto que se lo toleran sus superiores y los obispos extremeños -me dice-, no se han enterado del portento que tienen en su jurisdicción. ¿No es su jurisdicción? ¿Es jurisdicción de Toledo? ¿Qué más da? Hace unos días este hortelano errante puso pie en otro monasterio por aquello de refugiarse de la lluvia junto a sus cofrades serranos. Íbamos a la cata de setas –boletus, níscalos-, y como llovía y nos sobraba tiempo, entramos en el monasterio y allí encontramos a un monje cultivado y dicharachero, y eso que había sido convento de cartujos. ¡Qué diferencia del benedictino con el franciscano! Aquel era, aparte de culto, misericordioso. Este nuestro… este nuestro ¡es un fraile trabucaire!

Tulio, hoy, el hortelano se ha desayunado con la lectura en el papel del día con una de las cosas mejor escritas que haya leído nunca referidas a Extremadura. La firma uno de los autores predilectos de quienes amamos el campo y los pueblos, Julio Llamazares. Un texto digno de Azorín, que es, para este escribano, quien mejor pintó con letras los paisajes. ¡Qué hermosura de descripción del otoño en los campos de Trujillo! Para mí que Llamazares ha debido de ser huésped de otro autor al que Extremadura le debe que mucha gente de las letras se haya interesado por nuestra tierra. Me refiero a Andrés Trapiello, leonés como Llamazares. Con este texto y con otros muchos de Trapiello, el hortelano se atrevería a montar una antología de prosa y paisaje en Extremadura, “la región más desconocida por los españoles y a la vez una de las más hermosas”. Te equivocas, Llamazares. Es la más hermosa. Ojalá la maquinaria no me juegue una mala pasada y seas capaz de leer, amigo Tulio, este texto que, repasado de nuevo, me ha hecho olvidar la fetidez de lo escrito por el Prior de Guadalupe http://elpais.com/elpais/2015/11/11/opinion/1447243348_911581.html

Si alguno de los que se entretienen con las impertinencias del hortelano quisiera ampliar lo que otros han escrito sobre la bellezas de esta tierra, el escribidor, por mor de ser viejo letraherido, le recomendaría un libro escrito durante la Dictadura, en el que medio centenar de escritores de aquella época hicieron un viaje literario por tierras extremeñas con la condición inexcusable de que cada uno escribiera sus impresiones. El libro se publicó en 1955 y en él firmaron gentes tan importantes como Ignacio Aldecoa, Pedro de Lorenzo, Gómez de la Serna, Fernández Figueroa, Gonzalez Ruano, García Pavón, etc. ¡Con la de cosas insulsas que se publican en Extremadura con dineros públicos, y tener estos textos en el olvido! Y tuvo que ser un editor extremeño benemérito y al que no se la he hecho justicia, José María Casado, el que pusiera en la calle con prologo de mi cofrade hortelano Manolo Pecellín, un volumen titulado “Extremadura vista por…”, con referencias de Miguel Hernandez, Casona, Ortega, Ferlosio, Cela, Neruda, Alberti, Brenan, Unamuno…El hortelano está dispuesto a dejar la podadera y el sachillo en el surco y llegar a Madrid mañana sin falta para ser testigo de la entrega del premio “Raíz de Oro 2015” a la persona que más ha colaborado a prestigiar las letras extremeñas. ¿Qué quién es? Muy sencillo: el que me enseñó hace cuarenta años a honrar a los escritores y a los pensadores extremeños. Nació en Monesterio y debe andar por los 72 años. Hay por otra parte un escritor húngaro, de apellido impronunciable (László Krasznahorkai), eterno candidato al Nobel, que se paseó por Extremadura hace unos ocho o diez años invitado por la Fundación Ortega Muñoz, también con la condición de que escribiera un relato sobre Extremadura. Es un libro inencontrable y el hortelano sudó tinta china hasta encontrarlo. Es el relato del último lobo de Extremadura antes de que se extinguieran. Hace unos meses el húngaro ha publicado en España una obra sobre los lugares mágicos que visitó a lo largo de su vida. Este modesto escribidor buscó la huella extremeña y apenas si ha encontrado un leve vestigio de su presencia en la sierra de San Pedro investigando la muerte del último lobo extremeño.

Si el hortelano tuviera pluma trataría de emular lo que escribieron los que antes ha citado sobre el paisaje extremeño y contaría la hermosura de lo que vio en su aldea en buena compañía. Fue una mañana tal cual la describe Llamazares, siguiendo las huellas de los molinos harineros del Morisco en tierras quebradas de jaras y lentiscos, arqueología  artesana para convertir en harinas el sudor cereal de mis abuelos. Junto a las pizarras que todavía guardan los vestigios de la  lucha del hombre para sobrevivir, aquí y allá, bancales para sostener la tierra de cultivo, una breve huerta, un puñado de olivos, tronconeras de lo que fueron perales o manzanos, vides, un chozo abrazado por el meandro del arroyo. Y sonaba el agua y atronaba el silencio de una mañana de otoño generoso.

En fin, Tulio, que, entre paisajes y buenas letras, atrás quedan otros sinsabores.

 

 

Donde el hortelano se reafirma en la ingratitud de los extremeños con Cataluña y los catalanes

El hortelano no podía imaginar que sus impertinencias en torno a Cataluña y los extremeños tuvieran tan largo recorrido en la maquinaria. Impertinencias de más calibre cree haberlas escrito en esta papelera, por ejemplo, cuando dijo que el problema principal de los extremeños era la merma de capital intelectual causado por la emigración. O cuando afirmó que el segundo problema era el de la baja condición de sus dirigentes. Pues, no. Ha bastado con escribir que los extremeños han tratado con injusticia a Cataluña y a los catalanes, y se armó la marimorena. Y no es que me arrepienta, amigo Tulio, cuando traigo de nuevo la burra al forrajal de Cataluña, que en algo se asemeja a un hierbazal  lo que está ocurriendo en la patria de Pla y de Espriu. Ni siquiera trato de puntualizar aquello que el hortelano opinó de Ibarra y de Monago como incendiarios del independentismo de los catalanes. Si acaso, lo que pretende con esta segunda entrega es ampliar su opinión con otras ideas. Claro que el hortelano se reafirma en la opinión de que Cataluña, en los años terribles del hambre extremeña, nos socorrió dando trabajo y salario a decenas de miles de extremeños. Fíjate, Tulio, que hasta el otro presidente extremeño cuando estaba en la oposición –eso sí después de haber gobernado- dijo una de las cosas más estrambóticas que se pueden imaginar referida a Cataluña y los extremeños. Aquello de que “si Cataluña se independiza, devuelva a las 150.000 personas que nos fueron sustraídas, más sus hijos y sus nietos…” El presidente extremeño argumenta que tuvieron que emigrar porque Extremadura «no les podía dar de comer” y “alguien” decidió que emigraran precisamente a Cataluña. ¡Glorioso, Tulio, glorioso! Como ves, también Fernández Vara ha colaborado a engrosar la antología del disparate respecto a Cataluña aunque el palmarés lo ostenten sin duda  Ibarra y Monago hasta el punto de que se constituyeron en los principales proveedores de la munición españolista frente a Cataluña, aunque la verdad, en el desastre de Cataluña, es difícil distribuir honores, comenzando por Aznar, y continuando por Zapatero y por Rajoy que ha despertado del sueño eterno  hace apenas media hora.

-No pretenderás comparar, amigo hortelano, los errores de “esta parte”, si es que los hubo, con los desastres  y la deslealtad de los “otros”. Situar en la misma balanza, como dices, a  Aznar y a Zapatero, incluso a Ibarra y a Monago, con Mas y Pujol, esa sí que es una injusticia, amigo hortelano.

-No los sitúo, Tulio, y bien lo sabes. Yo me ocupo de los “míos” porque para condenar a los “otros” se me queda corto el diccionario. Conoces mi tesis: la aceleración del proceso independentista llevada a cabo por Jordi Pujol y Artur Mas se debe a su convencimiento de que al fin se iba a poner coto a su larga trayectoria de corrupción. Y te digo más: las fechorías de Puyol y de Mas se conocían en La Moncloa desde siempre. Cuando Puyol llegó a la conclusión que esta vez iba en serio la investigación, y que no iba a suceder lo que le ocurrió con Banca Catalana, pisó a fondo el acelerador para llevarse por delante a todos y cuando digo a todos, no descartes, que, si fracasa el proceso de independencia y terminan sentándose en el banquillo uno y otro, Puyol se encargará de filtrar a la prensa internacional las obras completas de la corrupción en España. Al tiempo, Tulio, al tiempo.

-Pero lo que de verdad nos debiera inquietar no es el destino final de Mas y Pujol, sino encontrar la razón de por qué una masa tan importante de ciudadanos catalanes han seguido la estela soberanista de Artur Mas. ¿Cómo es posible que un partido de gobierno y de equilibrio como era CIU se haya entregado a la locura separatista de sus dirigentes? Mejor dicho ¿qué ha ocurrido para que casi dos millones de catalanes hayan comprado el “boleto” separatista? Y es aquí donde, amigo Tulio, recupero mi interpretación y mi crítica a cómo Extremadura, sus principales dirigentes, se convirtieron en proveedores del más torpe anti catalanismo. Pregunta en Madrid o en Valencia, y con mucha mayor razón en Cataluña, quiénes se han significado más en la gresca anti catalana. Ya verás cómo salen entre los principales los presidentes extremeños. ¡Los que echaron más dialéctica testicular a la candela!

-¡Hombre!, lo hicieron en defensa de las cuentas de su tierra, para  evitar que Cataluña se llevara por delante la política de solidaridad presupuestaria. Acuérdate de lo que sucedió con la polémica sobre las Balanzas Fiscales…

-No me vale el argumento, amigo Tulio. En aquellos tiempos, cuando el maná de los Fondos Comunitarios caía cada noche sobre Extremadura, no estaban en peligro las cuentas de nuestra tierra. Me temo que las bravatas anti catalanas formaban parte de la estrategia de inventarse enemigos o excusas para justificar el fracaso de las políticas de desarrollo en Extremadura

-Mira, te voy a dar un argumento personal que contradice tu opinión. Estás censurando con dureza a Rodriguez Ibarra y recordarás que su problema grave de salud, que le obligó a abandonar la política activa, estuvo en parte provocado por una discusión que esa misma noche sostuvo sobre el problema de Cataluña con su colega socialista Pascual Maragall. Además, las actitudes de Ibarra y de Monago tuvieron y tienen un muy amplio seguimiento en Extremadura.

-Precisamente de eso me quejo, Tulio, de la aceptación que entre los extremeños han tenido los excesos dialécticos de sus presidentes, y de ahí la injusticia que hemos cometido con el territorio de acogida de decenas de miles de nuestros paisanos. Ibarra y Monago han creado un estereotipo (Cataluña contra Extremadura), y los extremeños, de proverbial docilidad con sus dirigentes, los siguieron. Acepto la corrección en cuanto a la seriedad con la que el presidente Ibarra consideró siempre el tema catalán, pero ese accidente personal no invalida mi teoría sobre su incapacidad para entender la historia de los sentimientos nacionalistas, y a las pruebas actuales me remito.  He vuelto a releer en las memorias de Rodriguez Ibarra el pasaje de aquella discusión, que a punto estuvo de costarle la vida, y me reafirmo en su dificultad para reconocer la importancia de la historia y de la cultura como elementos que conforman la sensibilidad de los pueblos. La Constitución y la Transición dejaron sin resolver el problema territorial de España. Ganaron los  del “café para todos”, los “igualitaristas” y ahora estamos pagando aquel error. Más interesante me parece otro pasaje de las relaciones de Pujol con nuestra tierra y que ya nadie recuerda, y fue su viaje a Extremadura en 2001 para inaugurar aquella exposición “Cataluña, tierra de acogida”. La visita a Extremadura, un gesto notable y valiente en aquellos momentos, sufrió avatares que a punto estuvieron de hacerla fracasar precisamente por la postura de Ibarra contraria al traspaso del tramo del 15 % del IRPF a las Comunidades Autónomas. En aquel momento, Pujol todavía abanderaba la imagen del político moderado que facilitaba la gobernabilidad de España. La visita no mejoró, por la desconfianza de uno y otro, las relaciones entre ambas Comunidades. ¡Qué raro que en sus memorias Ibarra ni siquiera mencione esta visita en tanto que se entretiene en otras menudencias! Ni me olvido tampoco del viaje de Pujol en sus tiempos mozos por tierras extremeñas a bordo de una moto para conocer los territorios que estaban llenando Cataluña de emigrantes. Son cosas del pasado, pero ayudan a explicar el presente y probablemente a preparar el futuro.

-De todos modos, no tienes en cuenta el factor más importante de lo que llamas “comprar el boleto separatista”. Te equivocas si piensas que esa masa ingente de independentistas catalanes se mueva por una ideología nacionalista. Más bien actúan por un supuesto agravio que se resume bien en el slogan de “España nos roba”. No hemos sabido rebatir la falsedad de que España, Andalucía y Extremadura muy particularmente, “parasitan” los recursos de Cataluña. Añade además el rechazo de la mayoría de los catalanes al comportamiento político de los dos últimos Gobiernos de España, y singularmente, al Partido que nos gobierna, y tendrás el mapa completo de las razones del desastre político que padecemos. Para muchos catalanes España es la Moncloa, y así nos va.

En esto estaba el hortelano cuando le llegó la opinión de uno de sus amigos recordándole un hecho histórico sucedido en Extremadura en relación con la identidad de los catalanes. Hace más de 500 años, en Guadalupe, el día 21 de abril de 1486, el rey Católico firmó uno de los documentos más importantes de la historia de Cataluña, la Sentencia Arbitral que ponía fin a uno de los conflictos más enconados de su pasado y sentaba las bases de una reforma social a favor de los payeses sometidos al poder feudal.  A medida que el hortelano ha ido leyendo el texto que le envía el amigo guadalupano ha reparado de nuevo en la necesidad de utilizar la “razón sentimental” para restablecer los vínculos culturales e históricos si queremos salir del estado de emergencia que vive España, según se atrevió a confesar el ministro García Margallo, el único miembro del gobierno que parece tener voz propia. Por cierto, Tulio, ¿conocías el origen extremeño de García Margallo? Su bisabuelo era de Montánchez, el general Margallo, protagonista de uno de los más graves incidentes de las guerras coloniales en Marruecos. Pero no hay que rebuscar en los manuales de Historia la relación de Cataluña y Extremadura. La mayor vinculación la tenemos ante nuestras propias narices y en tiempo presente: 180.000 catalanes, según los censos, muchos más en la realidad, nacieron en Extremadura y allí prosperaron y se reprodujeron y no creo que se sintieran muy felices cuando los presidentes de su tierra de origen protagonizaban las “guerras dialécticas” con Cataluña.

¿Qué podemos hacer desde Extremadura para recuperar la relación de España y Cataluña? ¿Es tarde ya? ¿Quién lo sabe? Desde luego nunca es tarde para hacer justicia y manifestar el agradecimiento de los extremeños a Cataluña en el momento en que decenas de miles de extremeños – ¿150.00, 200.000, 300.000?- viven perplejos y desamparados el drama de la ruptura de Cataluña.

Elogio y agradecimiento a Cataluña y a los catalanes

Cuando el hortelano entró por vez primera en su parcela encontró un arbusto extraño y casi desconocido. Eran un avellano y, en consecuencia, ajeno a los cultivos tradicionales de su aldea. Por aquellos tiempos, los emigrantes a Cataluña traían a sus pueblos en vacaciones plantas y semillas que admiraban y sorprendían a sus paisanos, a aquellos que no tuvieron la oportunidad o las agallas de emigrar. Así llegaron avellanos de Reus, lechugas de Prat o tomates de Montserrat, como llegaron a espuertas los ahorros y la ayuda económica a los abuelos y a los padres que no pudieron acompañarlos en la aventura de la emigración. Solo las Cajas de Ahorros extremeñas -¡qué gran error, presidente Vara, su desaparición!- saben cuántos recursos generaron para Extremadura y los extremeños el sudor de los emigrantes.

El caso es que el hortelano arrancó el avellano y lo sustituyó por otros plantones tal vez tan exóticos como aquellos. Con el tiempo, en el sitio de uno de aquellos arbustos catalanes sembró un azufaifo, regalo de uno de los amigos más queridos del hortelano impertinente, que, cuando pasea por las veredas de la huerta, tiene ocasión de ir reconociendo los árboles que le trajeron sus amigos del alma.

No entiendo por qué extraña razón me he acordado esta mañana de los avellanos leyendo el papel que sangra por la herida catalana. En esta huerta, en los ratos en los que el hortelano se solaza entre las coles y las patatas, el paisaje de Cataluña ha tenido una presencia muy grata. Pocas otras lecturas lo han reconfortado tanto como las páginas del Cuaderno gris y las memorias del payés más universal, Josep Pla. De él aprendió la observación minuciosa de cada instante rural y de sus habitantes. Uno de los últimos placeres de este lector entusiasta de Pla fue precisamente uno de sus libros imposible de encontrar durante muchos años hasta que fue reeditado muy recientemente, Viaje a pie. Él, que tal vez junto a Baroja, hayan sido los escritores más rurales de nuestro parnaso, escribe en este libro las páginas más críticas y laceradas contra los propios campesinos y sus pueblos (No son pueblos, sino sumas de casas, gentes que viven vecinas pero aisladas: Impera la insolidaridad más profunda…El payés es un ser desconfiado; pero, al mismo tiempo, se fía de todo y de todos con una inocencia inexplicable. (…) Se fía durante años y años de su eterno explotador. De la romana o de la báscula amañada”)

Pero no es de Josep Pla de quien el hortelano quiere hablarles, y ya le gustaría hacer algún día un homenaje a este hedonista universal, sino de la injusticia que los extremeños hemos cometido con los catalanes, dicho así en general, sin referirnos a los políticos que en esta hora están cometiendo un error histórico. Dicen las estadísticas que 180.000 extremeños residen en Cataluña, y no es cierto. Son muchos más porque, como los campesinos de Josep Pla, los extremeños que emigraron a Cataluña eran desconfiados y precavidos y mantuvieron en lo posible su empadronamiento en sus pueblos de origen. Si Extremadura tiene hoy un poco más de un millón de habitantes, en Cataluña residen no menos de 300.000 descendientes de extremeños y que conservan el cariño a su tierra de origen. Si el hortelano sale a la calleja del Altozano, y da veinte pasos adelante, les podría trazar el mapamundi catalán de su pueblo, lo mismo que lo podría hacer en cualquier otra localidad extremeña. Esa casa y esta otra se hicieron con el dinero que mis vecinos ahorraron en el Prat o en Reus o en Badalona, y aquel huerto se compró con el sudor de lo ahorrado en Hospitalet y así sucesivamente. Y si me acompañas te enseñaría la casa donde vivieron el padre de Jordi Évole o el abuelo de Jordi Hurtado…

Querrás decir que Cataluña se sostuvo y prosperó con la mano de obra de los extremeños y de los andaluces principalmente y con los recursos económicos que se hurtaron al desarrollo del resto de España.

Amigo, Tulio, estás cometiendo el mismo error y la misma injusticia que han cometido tantos otros y, entre ellos, Rodríguez Ibarra y Monago, dos de los políticos que más han colaborado al desgarro que esta mañana sangra en los papeles. ¡Qué soberana idiotez aquella del presidente Monago cuando dijo aquello de “Cataluña pide y Extremadura paga”! ¡Qué torpeza, además tan reiterada la de Rodriguez Ibarra, cuando gritaba. «Me importa un pepino y tres leches lo que pacten Pasqual Maragall, Arthur Mas o Josep Lluís Carod-Rovira, porque ya estoy hasta el gorro”. Ibarra y Monago, tan distantes pero no tan distintos, han estado al frente de los agravios españolistas que han favorecido el dislate de la hora presente. Con sus exabruptos anti catalanistas trataban de ocultar su incapacidad para crear riqueza y trabajo en su tierra. Sin los catalanes, sin la iniciativa empresarial de los catalanes, ¿dónde hubieran ido los extremeños que padecían hambre y miseria en los años sesenta? ¿Alemania? ¿Madrid? ¿País Vasco? A los emigrantes nadie les regaló nada, pero Cataluña contribuyó entre las que más a espabilar el hambre de nuestros paisanos.

Por supuesto que los mayores responsables del drama catalán son quienes están protagonizando la ruptura, capitaneados por el clan familiar y político de los Pujol, una banda de facinerosos, no tengas dudas, amigo Tulio. Pero también hay responsabilidad en la otra parte, y de forma muy destacada  del inquilino de la Moncloa, uno de los gobernantes menos dotado desde la Transición que conserva todos los tics del franquismo y que no ha estado a la altura de las circunstancias. ¡Cómo ha ido descendiendo con los años la calidad de los políticos españoles! ¡Qué diferencia de aquellos tiempos que el hortelano conoció de cerca cuando Tarradellas y Adolfo Suarez se entendían y pactaban! El hortelano recuerda de su otra vida la confidencia de uno de los dirigentes de Convergencia cuando justificaba el enriquecimiento de los gobernantes. Este humilde hortelano está absolutamente convencido que en la raíz de la deriva soberanista está un hecho incuestionable: el convencimiento de la familia política de Pujol de que la trama de corrupción que ellos ampararon y de la que se beneficiaron les iba a pasar factura inmediata.

 Cualquiera que sea el desenlace, tengo claro que es de justicia reconocer que aquella tierra nos ayudó a los extremeños a sobrevivir, lo cual no es poco. Está por hacer la nómina de los extremeños y de sus descendientes que han contribuido al desarrollo de Cataluña. Y cuántos otros regresaron y proclaman su agradecimiento. Y  recuerdo con cuánto cariño un gran político catalán a quien lo asesinó el desvarío de otro de los nacionalismos, Ernest Lluch, recitaba de memoria los partidos judiciales de Extremadura de cuando era viajante de comercio pro los pueblos de nuestra tierra.

Y como lo de sentir la patria dicen que es cuestión de sentimientos, yo voy a continuar en el recuerdo de los textos de Pla. Además siempre que el hortelano siente nostalgia de su huerta y de sus gentes lo primero que le viene a la cabeza son los versos Salvador Espriu, los del “inicio del canto del templo” que el hortelano conserva en una edición bilingüe entre sus poemas preferidos:

Ahora decid: “La retama florece,/ por todas partes en los campos hay rojo de amapolas./ Con nueva hoz comenzamos a segar/ el trigo maduro y con él, las malas hierbas.”/(…) Pero hemos vivido para salvaros las palabras,/ para devolveros el nombre de cada cosa,/ para que siguieseis el recto camino/ de acceso al pleno dominio de la tierra./(…) Ahora decid: “Nosotros escuchamos/ las voces del viento por el alto mar de espigas”./ Ahora decid: “Nos mantendremos fieles/ ya por siempre al servicio de este pueblo”

En los años oscuros de la dictadura, la primera vez que este escribidor imaginó algo parecido a Europa fue la Rambla de Barcelona ante un kiosco de prensa y de flores. ¡Cosas de la memoria y de los sentimientos!